Homo

 

Amanecía.

 

Aterido por la larga noche

vi primero un tenue resplandor

y vagas sombras.

 

No sabía nada

ni pensaba nada,

pero el tronco hueco de un árbol

fue mi primer refugio.

 

Aire negro,

murmullos,

nada sabía,

aterrado,

nada pensaba.

 

( ¡Bosque umbrío,

cuna de los árboles y

de los hombres!

Te he visto crecer junto a mí

entre sombras de luz.

Juntos hicimos montones de tierra

fragante y fresca.

Y encaramado sobre tus recios hombros

descubrí el horizonte un día.)

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

En el principio

era el caos.

Pero abrí los ojos

y el mundo empezó a ordenarse.

 

No tenía aún palabras

y no puedo deciros lo que ví.

 

¡Luz!

 

¿Sería ésta

mi primera palabra?

Mi memoria lo oculta.

Pero al despertarme

una mañana,

después de un largo sueño,

miré y vi.

 

¡Ah, blancas nubes

viajeras,

inmenso cielo azul,

tierra vibrante,

aire estremecido!

 

¡Ah, sol poderoso,

dorado creador,

cálido padre!

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

Este es el

primer día.

 

Vedme, piedra

entre las piedras,

astro entre los

astros, hombre

entre los hombres.

 

Puro, nada

sabré decir

que no sea

la verdad,

nada mirar que no sea

la inmensa luz del día,

la clara oscuridad

de la noche.

 

Y os vi a vosotros

y os dije esto:

 

Blancas a lo lejos

resplandecen las nevadas cumbres;

cruzan el cielo azul

hechas jirones nubes;

la pradera a nuestro alrededor

desciende en suaves ondas

hasta el río;

más allá la neblina

nos trae el canto de los pájaros

del bosque fantasma.

 

El hondo olor de la tierra

enternece nuestro corazón,

la música del mundo

late en nuestro pecho.

 

La risa de los niños

que comienzan el día jugando

refulge, joya la más preciada

de nuestro tesoro.

 

Ante nosotros

el camino del día,

sobre nosotros

la cálida curva del sol.

 

No tengo palabras para expresarlo,

pero nuestras vidas están llenas,

hombres en la naturaleza.

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

Ahí tengo todo el mundo.

Aquí el mundo todo

me tiene.

 

Pues he de hablar por

no callar,

cantaré.

 

Esta es la mañana única

y el sol que ilumina desde lo alto

los campos y los corazones

es.

Niño entre los brazos

de mis padres,

hombre para mi niña

padre,

sólo sé reir y bailar.

  

¡Venga todos, en corro,

cogidos de las manos,

a girar en la rueda del día

felices y abandonados!

  

¡Éste es el círculo mágico!

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

¡Suene la música!

 

¡Cantad, oboes y flautas;

adentro, violas y bajos!

 

¡Levantad ya el vuelo,

voces quebradas,

roncos corazones!

 

¡Música, llénalo

todo, despliega

tu arco iris,

detén el tiempo

un momento!

 

¡Ahora! ¡Bailad

conmigo!

 

¡Que unos queridos ojos

contemplen nuestras miradas

y que juntos, muy juntos,

suene clara nuestra risa!

 

¡Ved cómo danzan libres

estos niños!

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

Tengo las manos

llenas de tiernos brotes

y mis raíces se hunden

en el agua.

 

Mi pelo ha crecido

en una maraña de arbustos floridos

y alegres pajaritos de canto

jamás oído

anidan ahí.

 

Yo soy la chispa

que centellea en la noche:

marca un instante

con su  punta de luz

y es la eternidad.

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

He tenido un sueño,

pero se ha desvanecido

al despertarme.

 

¿Queréis que me esfuerce

en recordarlo?

 

No seré yo quien se oponga

ciegamente al destino,

que ha dispuesto que un solo día

tengamos para ser felices.

 

Esta es una hermosa mañana

de comienzos de primavera,

verde y florida,

y el aire y el sol me dicen

que sólo ellos son ciertos.

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

Diréis que

ya está dicho,

pero en la sombra

el cazador acecha.

 

En la memoria,

el olvido.

 

En la suave brisa

de la mañana,

mil aromas nuevos,

nuevos sentimientos.

 

En lo profundo,

nada.

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

Ah, mi cabeza da

tantas vueltas

y una tras otra se enroscan

las ideas

en tan cerrada imagen

que, callado, dentro de mí,

vive, puro en el silencio,

el niño.

 

No pretenderé yo

desvelarle con palabras

oscuras.

 

Del que nada sabe

nada se puede decir.

 

¡Ah, prendado

de colores y miradas!

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

¡No tengas prisa!

¡No tengas miedo!

 

La puerta de la vida es

ancha y espaciosa

para la voluntad que quiere,

para el corazón que ama.

 

Cuando las palabras callan

resplandece la verdad.

 

¡En la música de los hombres!

¡En la mirada de los niños!

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

¿Qué palabra

podrá separarle del mundo?

¿Quién decirla?

¿Cómo alcanzarlo?

  

¿Quién lo alcanzará?

¿Cómo lo dirá?

¿Qué palabra podrá

separarle?

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

Insondables son los caminos,

como la noche profunda

y sus trayectorias.

 

Variables los instantes,

como esta fresca brisa

que acaricia nuestros cuerpos.

 

Uno detrás de otro

van pasando,

ya se pierden en la distancia

del olvido.

 

Un recuerdo extraviado

pugna aún por salir,

fresco y fragante

como si fuera ahora mismo.

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

 

 

¡Venus afrodisíaca,

Afrodita venérea!

 

Destrozando todas

mis previsiones astronómicas

te alzas de nuevo, brillante y hermosa,

sobre el horizonte azul

de los veranos. 

 

¡Madre del amor y la belleza,

por ti sabremos tus hijos

vivir cada instante a la claridad

de tu luz vesperal,

avanzando ya el crepúsculo

sobre el mundo,

próxima ya la

negra noche!

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

Palabras pintura

en el papel cueva

se extiende

en silencio

lo que veo.

 

En el bosque

sólo el viento habla:

en la copa de los

álamos susurro,

en la tormenta aullido.

 

Calla el mundo,

calla; el bisonte,

el lobo y el ciervo

callan;

el caballo y el oso,

en silencio.

 

Cuando este viento

pasa giran armoniosos

el sol y la luna

y la tierra bajo nosotros

exhala dulce su aroma

de madre.

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

¡Ay, si mi canto

canta,

¿qué he de hacer yo?!

 

Si se alza mi voz

en la noche

no será por nada;

si corre el agua

entre chopos,

no será por nada.

 

Lluvia rumorosa

trae la vida,

abren hombres y árboles

sedientos los brazos,

láctea y amantísima es

madre nuestra.

 

Si así es, pues,

querido,

corra cristalino líquido

por las frescas y puras

venas de la tierra

y por los corazones

enamorados de los poetas,

ebrios,

el más vibrante y vivo,

aroma de nuestros años mejores,

el canto de la tierra.

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

¿Dónde?

 

Ahí donde vuestras

torpes vidas,

¡hombres crueles,

imbéciles!,

no pueden penetrar:

en la sima que da terror

a los cobardes;

tras la valla

que nadie encontrará;

en la negra, terrible, helada,

la solitaria noche,

el corazón del bosque.

 

¿Cuándo?

 

. . . . . . . . . . . . . . .

 

La palabra es negra

y la noche calla.

 

Pronto si se acaba

el tiempo, tarde

si el tiempo se para.

 

Solo en lo hondo,

sólo la estrella brilla.

 

Ella lo dice todo.

Yo, nada.

 

 

 

 

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