Tao

 

Porque tú me lo pides

escribiré porque quiero.

¡Ay, que te quiero!

 

Cae la cascada

de las palabras

tumultuosa

y radiante;

al paso de nuestras líneas

volutas,

formas evanescentes,

dibujan en el papel

nuestras miradas.

 

¡Ah!, ¿sientes

llegar por las gargantas

rugiente el fragor

de la tormenta

que descarga

sobre las montañas?

 

Relámpago y trueno

el árbol y el rayo

unieron

el cielo y la tierra

un instante.

 

¡Coge aliento:

ahí comienzas!

¡Adelante,

abajo,

de piedra en piedra,

contra el viento,

torrente,

no hay tiempo

para pensarlo!

 

Todo cambia a

tu alrededor:

llanuras como adagios,

lentos crepúsculos,

mundos a la deriva

en la única noche.

 

¡Ah, lo innombrable,

Tao,

ahora te nombro!

 

¡Tao no es Tao!

¡Tú y yo somos uno!

 

 

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