Clara

 

Coincidiste en junio

junto al río Dulce,

entre la luna llena y

el cuarto menguante.

 

A lo lejos Venus

se alzaba brillante

como una estrella.

 

En la noche transparente

el universo se asomaba

entre los árboles;

ingrávidas, flotantes,

millones de lucecitas

alrededor,

filtrándose entre las hojas:

el mundo misterioso

dentro y fuera.

 

El búho marcaba

el compás a la noche.

El gorjeo del arroyo

llenaba el cañón

con sus trinos.

El mirlo dormía,

el ruiseñor callaba.

Entre el aire y el agua

se expandía la vida.

 

Nogales, jazmines,

chopos, jilgueros,

tábanos, hombres,

tréboles, truchas,

guindos, culebras,

álamos, grajos,

campos y ríos,

dormían confiados

soñando en la llegada

del nuevo día.

 

 

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