Ignorante

El brujo tenía razón

al hacerme quitar la ropa.

 

Me despojé

de la pesada vestimenta

de la razón

y viví el

movimiento del mundo,

ligero como un corcho

sobre las olas.

 

Me bañé en

verdes campos jaspeados

de arcilla y

puse como una

aureola a mi

alrededor

los astros todos

del universo entero

que perforan lo

negro como

diamantes.

 

No pretendí

 entender

 absolutamente nada

de lo que me rodeaba

y con la boca entreabierta

de admiración

vi llenarse el pozo

de la ignorancia

con el agua límpida

de la belleza y

el placer.

 

Tonto,

pero más que tonto,

me esforcé en sentir

todo lo que pude,

listo,

pero que muy listo.

 

Y os veía a

vosotros, sabios,

tejiendo y destejiendo

vuestra red de palabras

delante de vuestros propios

ojos.

 

 

     

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