¡Ay, qué risa!

El día que el

simio prohomínido

descubrió la carcajada

se pasaba todo el tiempo

desternillándose

por los suelos.

Todo lo que veía

le parecía una broma

tan divertida

que reía y reía

y no paraba.

 

Y los demás monos

se miraban muy serios

unos a otros

y se tocaban la cabeza

con el dedo

mientras pelaban,

doctos,

sus cacahuetes.

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en poesía. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s