Hombre sabio

A mi abuelo, el Homo erectus,

que convivió durante un millón de años,

desde hace más de dos y medio,

con el Australopithecus,

pobre homínido a extinguir,

mi comprensión profunda por

su miedo sordo

de animal en peligro.

 

Sobre los millones de años,

desde nuestros míseros cien mil,

mi abrazo solidario,

de especie a especie.

 

Cuando el filo del tiempo

me eleva hacia la vida

en su paso fugaz

no puedo dejar de revivir en mi memoria

las profundas simas de las que emerjo

para dar mi voltereta al sol.

 

Espesura del bosque del tiempo

donde diviso sombras que acechan

la salida de la luna

para comprobar que allí,

al otro lado,

sigue brillando la vida.

 

Soledad horrible de los años perdidos

en lo hondo de las eras,

que no sabrían decir si existió un ayer

o si hubo un mañana.

 

Estrella fugaz que en un instante

trazó su existencia

y si alguien tal vez la vio

a nadie le importó.

 

 

 

 

 

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