Ramadán

Amor,  me desconciertas:

yo tengo a los poetas por hermanos

y tú a los tenderos.

 

¿Acaso deberé buscar

por las estanterías

el poema escondido

de la bolsa de alubias

y el litro de aceite,

vestido con el mandil azul

de las noches

de ultramar?

¿Tensar los paquetes de

azúcar

hasta que exhalen sus

rimas,

los sacos de nueces

hasta los ritmos?

¿Ser el ratoncito familiar

que roe insidioso

las mercancías de los cuñados

y les busca la caja?

 

No sé qué decirte.

Acaso respondas a mi poema

con un tarro de garbanzos.

Pero en ese caso

mi venganza será terrible:

esperaré a la primera puesta de sol

para hacer el cocido más romántico

que hayan comido dos enamorados

mientras ven surgir,

argénteos,

los cuernos de la luna.

 

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