Calíope

¡Oh, Musa,

ven a mi encuentro,

que salgo a buscarte

armado del escudo del conocimiento

confuso

y de la lanza de la voluntad

anhelante,

sobre el caballo brioso y rotundo

del Poema Campeador,

marinero de tierras de piedra

y castillos de tomillo,

por los prados en tropel

de puntas de flecha y

dardos de corazón,

recogiendo palabras

de las copas de los árboles

y del aterciopelado lecho

de los arroyos

para tu corona de peces preciosos

y perlas de abeto

y metales como el

espacio y el tiempo

y el aluminio y el oro!

 

Y rogaré a la uve

de patos que cruza

como la esperanza

por el cielo azul de la

sierra de Guadarrama:

¡Oh, que me llevéis con vosotros

en vuestro lomito de plumas

como la cuna de un niño,

que me llevéis con vosotros

sobre la tierra que riegan los

Guad-al-ríos

que islamizó a su paso

el moro Muza,

que me llevéis a ese corazón

caliente y amoroso

que dejaron en suelo de Al-andalus

él y los judíos,

al irse de España!

 

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